Consejos

Viajar despacio

18 agosto, 2015
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“Soñar despierto, dormir contigo, viajar despacio y volver”. La frase no es mía, pero casi. Es de la canción Copacabana de Izal y banda sonora indiscutible de estas últimas semanas de viaje. Me la enganchó mi hermano nada más llegar y, desde entonces, ando canturreando trocitos cada dos por tres. Esta parte de la canción, sin embargo, es sin duda mi favorita.

Resume a la perfección la filosofía nomadista o, por lo menos, la que me gustaría alcanzar (casi) permanentemente. No es fácil o, por lo menos no para mí. Estos días se me ha olvidado eso de viajar despacio y tener tiempo para hacer lo que me apetezca como leer y escribir. De aquí para allá todo el rato pendiente de todo y de todos y sintiéndome algo culpable por alargar más de la cuenta los ratos muertos. Así es difícil que surja la inspiración y, mucho menos, aplicar el slow life a un viaje demasiado largo como para ir con prisas. Resulta tan difícil desintoxicarse de la velocidad con la que estamos acostumbrados a hacer todo que hasta cuando viajamos nos olvidamos de que lo importante no es tachar el mayor número posible de lugares visitados, sino disfrutar de “despertar en otro tiempo y otro lugar”.

De Chiang Mai al trekking de dos días -algo decepcionante, ya os contaré con detalles- y de allí, casi sin descanso, 6 horas de autobús y tarde en Sukhotai para ver el parque nacional y coger, al día siguiente, otro autobús de 7 horas hasta Khon Kaen para hacer noche antes de pasar otra mañana entera en la carretera para alcanzar Nong Khai. Solo de escribirlo me vuelve el estrés que provoca la sensación de que el tiempo se te escurre por entre los dedos sin poder apenas controlarlo. Por suerte, aquí donde Tailandia y Laos estrechan lazos parece fácil recuperar la calma y dedicarse a la vida contemplativa y a recuperar la manía de soñar despierta y viajar despacio. Ese dormir contigo, por ahora, está algo complicado y volver no pasa, todavía, por mi cabeza.

Este dejarse llevar por la vorágine me ha hecho pensar bastante estos días. También las horas infinitas en autobús. Por ejemplo, en la absurdidad de querer tener todas las respuestas rápido para ir despejando incógnitas como si la vida fuese una ecuación de primer grado. O en la todavía más absurda necesidad de olvidarnos de lo importante del día a día, que es al final lo único palpable que tenemos. El futuro nos sirve para proyectar nuestros sueños, pero nunca para vivir en ellos. Y los miedos, que nos paralizan más de lo que deberían. ¿Y por qué os hablo de todo esto? No lo sé, la verdad. Yo quería escribir de las prisas a la hora de viajar y me ha salido todo este rollo filosófico. Debe ser el escenario del atardecer sobre el Mekong o el pseudo estrés de estos días en los que me he vuelto a encontrar cara a cara con algunos de mis puntos débiles. Salirse de la zona de confort te enfrenta a ellos, pero también te descubre otros positivos.

Algunos de los malos léanse la impaciencia por saber qué pasará, el miedo a no conseguir lo que parecía algo más probable al dibujarlo con la mente, que algunas cosas cambien después de este viaje, la facilidad con la que me olvido de rutinas como las de meditar o escribir… las buenas, por ejemplo, aprender a echar de menos con paciencia. Y a no dar vueltas sobre las mismas dudas o los mismos miedos. Aprender a vivir sin estar pendiente de cosas que no dependen de mí ni a necesitar el contacto diario para saber que hay gente al otro lado. Lo que tenga que ser, será repito una y otra vez. A veces me creo, otras no tanto y así vamos. Viajar no siempre es estar en la  cresta de la ola. Y eso es también un buen aprendizaje.

 

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3 Comments

  • Reply El futuro marido de PJ Harvey aunque ella no lo sepa aún... 24 agosto, 2015 at 2:56

    “Don’t be the reason you don’t succeed”. Me ha encantado esa frase. Prisas e impaciencias; me suenan bastante. Demasiado, incluso

    • Reply Laura R. 24 agosto, 2015 at 16:20

      Pues un poquito de slow life y listos, receta nomadista… dicen que funciona, XD!

  • Reply Descubriendo la Tailandia alternativa 28 agosto, 2015 at 10:38

    […] Visitar por segunda vez un país te permite descubrir esos pequeños tesoros que normalmente se quedan fuera de ruta cuando aterrizas por primera vez con tu lista de ‘must’ recopilados de aquí y de allá. Sin la presión de no dejarse nada importante por ver, una puede permitirse el lujo casi de señalar al azar un rincón del país y ver cómo se puede llegar hasta allí para conocer otros lugares menos turísticos. O, simplemente, para viajar más despacio. […]

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