Destinos

Soñando despierta (II) en el Six Senses Douro Valley

13 octubre, 2017
Foto: John Athimaritis

Esta semana quiero contaros una de esas experiencias que sabes únicas incluso antes de que empiecen a suceder. Una experiencia, además, de las que reconfortan porque te hacen creer que los sueños que no hace mucho trazabas en un papel pueden hacerse realidad a base de trabajo, dedicación y una pizca de suerte. No hace tanto me imaginaba escribiendo sobre rincones de aquí y de allá, viajando a lugares inesperados y ayudando a otras mujeres con ganas de lanzarse al mundo sin necesidad de compañía alguna. Por decisión propia. Como actitud vital.

Dejémoslo en que me desvié bastante de esos esbozos que tan claros parecían recorriendo Asia. Llevo intentándolo a trompicones. Recuperando ideas, sensaciones y comenzando a poner en práctica algunas cosas. Volviéndome a sentir la Nomadista. Después de estos meses he llegado a la conclusión de que si no lo siento no consigo escribir. De ahí el cierto abandono de estos últimos tiempos. Me sentía deshonesta. Hipócrita. A veces, sin embargo, sucede que la suerte se pone de tu lado… y también las amigas y acabas subiéndote a un tren de Renfe-Sncf para pasar un gran fin de semana en Toulouse. Escribes un par de artículos que gustan, te animas y te encuentras con un día de ensueño en el Six Senses Douro Valley a cambio de hacer una de las cosas que más te gustan en esta vida y te definen: escribir. Y en esto estamos. Consciente de que allí gasté gran parte del karma que había ido acumulando en los últimos tiempos. Pero valió la pena, ya lo creo. De rellenar el recipiente del karma siempre se está a tiempo.

Para las que no hayáis oído hablar nunca de Six Senses os diré que no sois raras. Yo tampoco sabía que se trataba de una cadena de hoteles de máximo lujo -tan solo 9 en el mundo y 1 en Europa-. Ya sabéis que lo mío son más los viajes con mochila y sin grandes necesidades. Pero tengo que reconocer que sentirse como una auténtica VIP no sienta nada mal de vez en cuando y más si te invitan a sentirte así. Tanto Maite, mi compañera de aventura ‘influencer’, como yo somos conscientes de que difícilmente disfrutaremos de un momento así… o no, quién sabe. Las cosas empiezan a moverse y lo que en Malasia y Nicaragua parecían logros meramente anecdóticos igual podrían empezar a dejar de serlo. Tal vez empiezo a aproximarme a mis sueños. ¿Os imagináis? Pocas cosas me harían más ilusión que poder compartirlos con vosotras.

De momento, os cuento la experiencia cual reinas o ‘influencers del bote’ en el Six Senses. Concepto, este último de las ‘influencers del bote’ acuñado por Maite y servidora para definirnos tras sendas experiencias en Toulouse y Portugal. Es evidente que no somos influencers ni pretendemos serlo. ¡Qué estrés! Nos gusta ser algo más normales, con nuestras vidas imperfectas y mostrar que, pese a no recibir invitaciones para las mejores pasarelas del mundo, también sabemos disfrutar de las cosas buenas de la vida… y hasta de las malas. Y en ello estamos. Buscándonos la vida para hacer realidad nuestras ilusiones y objetivos vitales y profesionales. Y, visto lo visto, no nos podemos quejar. El Six Senses Douro Valley sería el escenario perfecto para una de esas películas de sobremesa del fin de semana. Un enclave maravilloso rodeado de viñedos en los que respirar tranquilidad. Ni aire puro ni nada. Tranquilidad en su máxima expresión. El paisaje que ofrece el Valle del Douro – Duero en territorio español- es maravilloso.

Foto: John Athimaritis

Foto: John Athimaritis

Bucólico, ¿verdad? Pues todavía resulta más neutralizador de todo lo negativo del mundo una vez dentro. El auténtico lujo es esto y no otras cosas que nos venden como tal. Y no, no es un reportaje publicitario. Nunca lo haría. Escribo de lo que vivo y siento al vivirlo, pero no miento si os digo que las 30 horas que pasamos allí nos parecieron 4 días y nos revitalizaron de una manera inexplicable. A las vistas de los viñedos se añadió un dúplex del tamaño del piso que nunca tendremos, una cama de esas que te atrapa, una bañera con vistas y un altavoz en el que poner Fractures a todo volumen mientras deseábamos intensamente la ausencia de cámaras para no dejar rastro de nuestro debut en esto de las ‘celebrities’. Solo nos faltó saltar en la cama con una lámpara en mano al más puro estilo rock star. La buena noticia, en temporada baja las habitaciones -las villas las damos ya por imposibles- tiene un precio más o menos asequible para una noche de esas especiales: unos 250 euros aproximadamente. Aquí podéis consultar todo lo que necesitéis… y también odiarnos un poquitín. Está permitido, hoy sí.

Antes de desmayarnos ante tal espectáculo nos reunimos con Joana, responsable de relaciones públicas del Six Senses Douro Valley. Fue una comida divertida en la que tratamos de no devorar unas deliciosas vieiras mientras nos explicaba la historia del lugar, pero también la suya. Lo mejor de estos viajes muchas veces es la gente con la que te cruzas. Siempre interesante. Sin apenas tiempo para nada, primera actividad. Una cata de vinos de la región con sus Denominación de Origen Douro y sus Oportos dulces. ¡A las 18.30h! Felices no, lo siguiente y sin haber iniciado la cata. Después, imaginad. Mucha vida sana, pero el vino como hilo conductor de ese día en el paraíso y de los posteriores en Oporto. A estas alturas no serviría de nada negar que nos gusta, y mucho, el vino. Cena vegetariana al aire libre, baño relajante y a dormir. Bueno, y unas cuantas stories chorras en Instagram para dejar constancia de que ese día había existido.

Foto: John Athimaritis

Foto: John Athimaritis

Lo mejor de la experiencia, sin duda, llegó bien temprano con el desayuno. Creo que todavía seguiría en el comedor disfrutando del mejor desayuno de mi vida. De todo. De todo y, además, bonito. Siempre he creído que lo que realmente marca la diferencia en cualquier hotel es el desayuno. Todo el mundo puede decorar sus hoteles con más o menos gusto -los interioristas están para eso- o tener una piscina o una cama increíble. Pero el desayuno ya son palabras mayores. Os dejo algunas imágenes. Dirán mucho más de lo que pueda decir yo.

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Lloramos de felicidad pese al madrugón y es que a las 10 de la mañana nos esperaban para una segunda cata, esta vez de vinos de Oporto. Paseo en ascenso por las viñas hasta una bodega en la que nos esperaban nada más y nada menos que 10 vinos de Oporto distintos. ¿Os he dicho ya que era a las 10h de la mañana? ¡Así no se puede ser sana! Si la memoria no me falla, creo que probé 6 de los 10 antes de regresar antes de tiempo al hotel. Nos esperaba otro obsequio de esos de lagrimita: un masaje. Maravilloso. Con vistas a los viñedos. Jugaban con ventaja, por eso, ya que ya flotaba cuando me tumbé en la camilla. El último vino de Oporto que probamos llevaba más de 100 años en barrica.

No os vayáis a creer que fue algo excepcional. Cualquier que se aloje en el Six Senses Douro Valley puede disfrutarlo. Forma parte de las muchas actividades que organizan para que la gente disfrute del entorno. También hacen running a primera hora, pero mentiría si dijera que se me pasó por la cabeza apuntarme. Algo alcoholizadas, para que negarlo, relajadas y el director general del hotel esperándonos para comer. Cayeron nuevamente esas vieiras tan deliciosas y platos típicos como una selección de salchichas portuguesas -reguleras- o una delicada (y cara) perdiz. Vino, inglés, castellano y una conversación interesante con alguien que lleva muchos años en esto de los hoteles de lujo. Se nos iluminaban los ojos cuando escuchábamos hablar de nuevos Six Senses en Tailandia, Bali… No hacía falta ni mirarnos para saber que las dos compartíamos pensamientos: “Por favor, que nos inviten a uno de esos… o al de las Seychelles”. Tampoco hizo falta mirarnos para saber que no, que demasiado afortunadas éramos por estar dónde estábamos y así, felices, nos dedicamos a disfrutar las últimas horas en ese maravilloso lugar tumbadas junto a las piscina infinita con vistas al Douro.

Foto: John Athimaritis

Foto: John Athimaritis

Desde Barcelona llegaban noticias de cierto clima otoñal. Incluso llovía si no recuerdo mal. Así que ni corta ni perezosa, pero bien despacito me lancé a la piscina. Igual era el último baño del año. Así terminó una experiencia inimaginable hace un par de meses cuando apenas tenía pensamientos Nomadistas. Y en eso andaba pensando cuando nuestro coche nos dejó en la puerta del AirBnB que habíamos reservado en Oporto. Por delante, dos días en una ciudad nueva por descubrir y las ganas de recuperar la escritura, los viajes y todos los proyectos colaterales. No sé si se repetirá alguna vez una experiencia similar a la vivida en el Six Senses, pero no importa. Os hablaré de otras experiencias y otros viajes que estoy decidida a recuperar. Sola o en compañía, da igual. El espíritu Nomadista se lleva dentro y no depende de circunstancias vitales. Me ha costado casi un año darme cuenta de ello y dejar de sentirme mal por no ser la misma que se lanzó a la aventura de viajar sin billete de vuelta. Todo cambia, menos la esencia de una misma. Lección aprendida.

Así que estad atentas. Se avecinan muchas novedades… e historias por contar.

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