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De excursión por el Bako National Park

22 octubre, 2015
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Mañana abandono Borneo tras casi dos semanas en una isla que apenas conozco. Soy consciente de haber ‘desperdiciado’ mi tiempo en un lugar tan increíblemente verde y natural como es este rincón del planeta.

La isla ha coincidido con mi momento más perezoso en estos tres meses y medio de viaje. Energía baja, problemas varios de salud y una humedad terrible me han mantenido mucho más tiempo en los hostels y alrededores que descubriendo una naturaleza exuberante. Para darse cuenta de esa exuberancia no hace falta moverse en exceso. El Bako National Park es una muestra de ello. A menos de una hora de Kuching es, de momento, el parque nacional que más me ha gustado de cuantos he visitado en este viaje.

No fue una travesía fácil por más que la bruma se esforzara en esconder el sol. El termómetro no bajó en ningún momento de los 32º y la humedad rozaba el 90%, pero aun así las cuatro horas de trekking fueron inolvidables. El premio, vistas tan espectaculares como la de sus playas escondidas.

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Bako es especial no solo por los monos narigudos en peligro de extinción que habitan sus jungla. También por su ubicación tan especial. Solo es posible acceder a él y, aunque el trayecto es relativamente corto para las distancias que se barajan en Borneo, se mantiene poco visitado y apenas uno encuentra otros caminantes en su recorrido. Desde la estación de Kuching son 40 minutos en autobús local -cuesta 3,5 RM- y un cuarto de hora más en barco -40 RM ida y vuelta-.

En menos de una hora, una se planta en la entrada de un parque que da la bienvenida a sus visitantes con una playa de arena blanca y palmeras. El baño, sin embargo, no está permitido. Uno puede bañarse, pero la amenaza de cocodrilos hace no demasiado recomendable el baño. Los monos – que se mueven de árbol en árbol con su nariz única y su larga cola blanca- y los jabalíes son los primeros en saludar a los visitantes. Y, si te descuidas, los macacos te habrán birlado algo mientras llenas formularios.

La entrada al parque cuesta 20 RM y existe la posibilidad de hacer noche en alguna de las cabañas por 15 RM más. Aunque no es necesario. Los caminos más largos están ahora mismo cerrados al público así que en un día se puede recorrer parte del parque. La última barca zarpa a las 16h y los buses desde Kuching salen a las 7 y a las 8 de la mañana. Así que, con un poco de sacrificio matutino, uno puede disponer de 6 horas para perderse por unos caminos muy bien señalizados. No se necesita guía, pero sí mucha agua.

Vegetación, animales o playas. Esas se podría decir que serían las categorías en las que dividir los caminos del parque. Playa fue mi elección y la de la pareja española con la que compartí mañana, sudores y esfuerzo. Y no fue una mala opción. La vegetación, me dijeron, no es tan exuberante como la del camino circular, pero si interesante y la recompensa, como habéis visto más arriba, increíble.

La foto está tomada desde el mirador de Besar. Apenas 1 kilómetros de recorrido desde el inicio de los senderos, pero que requiere alrededor de una hora. Desde allí uno debe deshacer parte del camino para dirigirse a Kecil. Son casi dos kilómetros sin sombra que dan a parar una atalaya sobre una playa a la que se desciende por una empinada mezcla de escaleras y raíces.

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Los más perezosos pueden llegar en bote, pero merece la pena un último esfuerzo que pocos realizan. La vuelta es dura, pero la haces con una sonrisa de esas que deja la felicidad de ser consciente de estar en un lugar único. Son esos momentos los que personalmente más me llenan. Esos momentos en los que sabes que eso es vivir la vida. O, por lo menos, tu manera de entender el vivir la vida y las dudas se desvanecen. Me recuerdo parada entre raíces, sudorosas y agotada, pero feliz de estar perdida en medio de la nada en ¡Borneo!

Kecil tampoco es apta para el baño, pero tiene escondites entre las rocas que permiten apartarse del calor y descansar. Los monos campan a sus anchas y un riachuelo muestra los primeros indicios de selva. El tiempo nos regaló allí un poco de sol y la mezcla de su luz con el agua y el verde de la selva hizo de ese momento uno de los momentos del viaje. Cada vez tengo más clara que ese es el paisaje con el que más me identifico y disfruto: mar, playa y selva. Todo a la vez. La serenidad del agua cristalina y la intensidad del verde de la jungla.

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No sé cuanto tiempo estuvimos andando y curioseando por la playa. Lo suficiente para recuperar fuerzas y emprender un camino de vuelta en el que la amenaza de la insolación fue constante. Recomendación. Agua y gorro. O algo con lo que taparse la cabeza. Nos encontramos con varias personas algo desorientadas y me explicaron que, cuenta la leyenda, que una mujer estuvo ‘desparecida’ dos días en el parque porque “apareció un guía en moto y la llevó a un parque de estilo occidental”. O una de dos: se fumó/comió algo raro al perderse por el parque o le dio un golpe de calor alucinógeno. No hay más.

O le picó alguno de los bichos que pueblan el parque. Además de monos y cerdos salvajes, una puede encontrarse serpientes bastante venenosas y ciempiés culpables de la que sería probablemente una de las muertes más deprimentes de la historia. Pocas cosas más lamentables que morir por una picadura de un bicho así. Ya puestos, mejor un cocodrilo, ¿no? Siempre podraá agrandarse la leyenda diciendo que peleaste como un jabato contra él.

Por suerte, no nos cruzamos con ninguno. Pero si con un avispero y unas inquilinas que daban miedo. No exagero si triplicaban el tamaño de nuestras avispas y abejas. Creo que morderse la lengua no serviría de nada con ellas. Achicharrados, pero enteros, llegamos a la entrada del parque y de ahí a Kuching con ese cansancio placentero que te deja el ejercicio.

Las agujetas fueron considerables al día siguiente. Las piernas flojeaban, pero el ánimo estaba recuperado tras unos días de energía baja. Me replanteé la necesidad de volver a hacer deporte, pero la humedad de la mañana siguiente me devolvió a la realidad. Así que opté por consolarme pensando que no estaba tan mal de forma. Aunque probablemente fue la ilusión y el paisaje los que me dieron la energía suficiente para superar un gran día.

 

Información práctica:

Autobús: Salen a las 7 y 8 de la mañana desde la estación de Kuching. Cuesta 3,5 RM el trayecto. A la vuelta, el autobús ya se encuentra esperando.

Barco: El último barco sale a las 16h del parque. Pero los hay a las 14h y 15h. Cuesta 40 RM ida y vuelta, pero se compran por separado. La vuelta es mejor comprarla nada más llegar al parque, así uno se asegura que la barca le espere.

Senderos: Dos opciones para un día de excursión. Los senderos 3+5+6 (playa) o el sendero 10 (vegetación).

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2 Comments

  • Reply El futuro marido de PJ Harvey aunque ella no lo sepa aún... 25 octubre, 2015 at 1:09

    Yooo quieeeroooo Bako Paaaaark!!! (me he acordado de Cape Tribulation…)

    • Reply Laura R. 25 octubre, 2015 at 3:51

      Pues ya sabes… Borneo is waiting for you :)

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