Destinos

Sumergirse en las Perhentian

4 octubre, 2015
snorkel

Desde hace meses sigo una rutina muy sencilla para tener bien presente lo que realmente importa en la vida. En la mía, claro. Esas pequeñas cosas que me hacen sentir bien y que hacen que todo lo demás no sea tan importante en esos momentos.

No tiene ni truco ni coste alguno. Solo se necesita libreta y boli para apuntar cada día al menos tres momentos de plenitud. De esos que te hacen sentir a gusto con la vida. Pueden ser desde ese café tan bien hecho que te tomas antes de ir a trabajar; una tarde de cine en familia; un mensaje inesperado; un buen libro; la victoria de tu equipo en la Champions; una buena siesta… Hay tantos momentos como personas en este mundo.

¿Tres al día? Parecen muchos, pero no recuerdo no haber encontrado al menos tres de ellos cada día desde que Ángel, mi coach, me recetó este ejercicio. Creedme, funciona. Y sí, durante unos meses estuve haciendo sesiones de coaching para acabar de lanzarme a la aventura. A veces se necesita un poco de ayuda exterior y, la verdad, a mi me fue tan bien que hasta estoy pensando en estudiar algo relacionado con el coaching. Me gustó la experiencia.

Si estoy aquí es, en parte, gracias a todo el trabajo realizado esos meses. Pero tranquilos, no voy a hacer una oda al coaching. No hoy. Solo que me venía que ni pintado hablaros de eso para destacar uno de esos momentos de plenitud máxima que he vivido esta mañana en Perhentian Besar. Además, de los buenos, de esos que eres totalmente consciente y eliminan cualquier otro pensamiento de tu mente.

¡Dadme una máscara y un tubo y seré la mujer más feliz y embobada del mundo!

mask

Sí, no sé si será por eso de ser piscis, pero me siento como pez en el agua cuando de observar pececillos de colores y arrecifes de coral se trata. ¡El tiempo vuela! Dos horas de un spot a otro para observar un jardín de tonalidades amarillas y violetas –con algún azul rebelde- en la que peces y tortugas campan a sus anchas. ¡Qué envidia, de verdad! No creo en la reencarnación, pero de existir, no me importaría pasar una de mis vida ahí abajo con esa tranquilidad tan envidiable.

La noción del tiempo y de la vergüenza se quedan en la barca. Menos mal que cada cual va a su bola observando el fondo marino y nadie se fija en la loca que le habla a los peces. Apuesto, sin embargo, a que no debo ser la única que habla con ellos o con ella misma cada vez que ve algo sorprendente.

Aluciné en la Gran Barrera de Coral –sé que no volveré a ver algo igual al no ser que repita excursión-, pero he disfrutado mucho más esta mañana e incluso en Kho Tao. ¿Por qué? Por la temperatura del agua. En Australia también me quedaba embobada, pero resultaba imposible aguantar más de 20 minutos en el agua con traje de neopreno. Y no solo por el miedo a las medusas ultravenenosas de la zona. La hipotermia era inevitable. Aquí, en cambio, no se necesita neopreno y es un gusto pasarse un largo rato nadando de aquí para allá en bikini o con chaleco salvavidas.

Sí, la gente en Asia no domina demasiado la natación y suele hacer snorkel con chaleco. Yo prefiero hacerlo sin él, aunque alguna vez me lo he colocado simplemente para no cansarme y relajarme. Tines más libertad de movimiento, pero ya no me sorprende ver ese naranja chillón en la superficie. Tampoco, aunque siga sin entenderlo, ver a las mujeres vestidas y con pañuelo dentro del agua. Normal que usen el chaleco, el lastre que llevan es considerable una vez mojadas. Es algo que me cuesta de entender, en serio, pero ese es un tema del que ya os hablaré en otra ocasión.

¿Y sabéis lo mejor de esas dos horas de plenitud marinera? La siesta de después de comer. Hacia semanas que no disfrutaba de una. ¡Otro momento para la lista! Y es que, cuando nos centramos en las cosas buenas, en esas que nos hacen sentir bien, vivimos más relajados y felices. E incluso el echar de menos se llevan mucho mejor porque echar de menos a tu gente no es incompatible, o no debería serlo, con ser feliz y disfrutar de manera calmada de todo esto.

Perseguir lo que más me gusta me ha traído hasta las Perhentians. Pero no hace falta irse tan lejos para poder disfrutar de las pequeñas buenas cosas que todos tenemos en nuestra vida. Se trata de intentar que pesen mucho más que las malas y eso se consigue dándoles mucho más importancia y valor. ¿Os animáis con los deberes?

Ah, se me olvida. Dos horas de snorkel en Perhentian Besar cuestan 40 RM, lo que vendría a ser unos 8,5 euros. Puede parecer algo caro en precios asiáticos, pero merece la pena. Se puede hacer un poco de snorkel por tu cuenta, pero no llegar a los mejores spots ya que resulta imposible caminar la isla por completo. Es lo que tiene estar en islas cubiertas por frondosos bosques y elevadas colinas.

Es inevitable encontrarte con otras barcas, pero pese a ser un centenar de personas no resulta tan ‘molesto’ como en Tailandia. Hay espacio suficiente para todos, incluso para los tontos de turno que no entienden que lo de no tocar nada también incluye no ponerse de pie en el coral para ajustarse las gafas. Tengo que reconocer que en esos momentos la calma ha llegado a peligrar, pero estoy aprendiendo a contenerme…

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1 Comment

  • Reply El futuro marido de PJ Harvey aunque ella no lo sepa aún... 18 octubre, 2015 at 0:08

    Admito que en la Barrera del Coral iba algo cagado; nunca me he sentido cómodo en el mar, y el día amaneció gris y fresco, pero la experiencia acabó siendo increíble (al margen del mareo terrible en el viaje de vuelta, cosa muy usual en mi; ya digo que soy hombre de tierra firme…). Keep on enjoying it!

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