Destinos

Bromo, a un paso del centro de la tierra

3 noviembre, 2015
crater

Escribo este POST mientras el sueño trata de ganar la batalla a la disciplina tras un día – o noche- eterno. De esos que solo se superan gracias al recuerdo de haber vivido una experiencia inolvidable. Duelen las piernas, los ojos se cierran y la garganta escuece, pero la sonrisa sigue ahí, intacta, y dispuesta a iluminar más noches en vela por momentos tan especiales como el de asomarse a las entrañas de la tierra desde el volcán Bromo.

No me gusta Jakarta. No necesité demasiado tiempo para darme cuenta de ello y en Jogjakarta, pese a la belleza del templo Borobudur, tuvimos una mala experiencia. El tercer intento en Java, sin embargo, fue el definitivo para convencerme de que volver a Indonesia había sido una buena idea. Y eso que la aventura no comenzó nada bien si tenemos en cuenta que nuestro conductor nos pasaba a buscar por el Same Hotel a las 00.00h y veníamos de diez horas en tren y un señor madrugón.

Fue un momento crítico, pero no nos vinimos abajo y a las 21h nos metíamos en la cama para despertarnos dos horas y media más tarde. Ropa de abrigo, provisiones y un jeep destartalado para recorrer las dos horas que separan Malang del Bromo. Existe la posibilidad de instalarse en Probolinggo, mucho más cerca. Pero nos recomendaron Malang y ahí que nos fuimos. La ciudad, sin embargo, tampoco parece ser gran cosa por lo poco que he visto. Así que, personalmente, creo que es mejor acercarse al Bromo ni que sea para ganar un par de horas de sueño.

Una vez en la entrada del parque nacional y, mientras el conductor hace los trámites, toca morirse de frío e intentar calentarse con un café 3×1 que en esos momentos te parece el más delicioso del mundo. Te dicen que hace 15º, “como en vuestro país”, pero no. Mienten. Allí hace menos de 10 grados, seguro. Así que no nos quedó más remedio que alquilar un abrigo por 20.000 rupias -1,33 euros aproximadamente- para pasar lo mejor posible la hora de esperar hasta un amanecer que poco a poco fue perfilando un paisaje espectacular.

La nubes se confundían con los volcanes bajo la atenta mirada de unas estrellas que se negaban a perder protagonismo en un cielo completamente despejado. Delante, un infinito de tonos anaranjados; a la derecha, el Bromo. Pero si las vistas desde el mirador -atestado de locales que se acercan hasta ahí todos los fines de semana- son espectaculares, ni os cuento una vez el jeep desciende hasta la inmensa superficie de arena volcánica que rodea un cráter que sigue activo. Solo hace falta ver como humea para darse cuenta de ello.

Tras desayunar -suelen ofrecerte una breakfast box con pan dulce, chocolate y fruta- nos tocó sufrir de lo lindo. La caminata es corta, pero muy inclinada y resbaladiza al tratarse de un volcán y no una montaña. La arena se hunde y el esfuerzo es superior. Se necesita una media hora de camino desde a explanada al pie del cráter en el que tocará evitar a caballos desbocados que trasladan a los turistas más perezosos -casi todos- y comer bastante arena. Un pañuelo o una máscara es imprescindible ahí para protegerse del viento, pero también del intenso olor a huevos podridos que llega a ráfagas.

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Después, 240 empinados escalones esperan antes de alcanzar uno de los mayores espectáculos de la naturaleza que he tenido el placer de observar. El cráter del Bromo, humeante, activo y ruidoso. Para que os hagáis una idea, el ruido constante y gutural recuerda al de un avión despegando. Y no para. Todo el rato, una sensación inquietante se apodera de ti allí arriba. Te sientes pequeña porque eres consciente de que si el Bromo decidiera entrar en erupción poco podrías hacer tú como humano. Ni tú y ni el resto de la humanidad.

Hay fuerzas incontrolables y recordarlo de vez en cuando no viene mal para no perder de vista la realidad de un planeta al que estamos matando poco a poco pese a las maravillas que se esconden en rincones tan especiales como el Bromo. Y, parecerá incongruente, pero ese sentirme insignificante en este mundo me hizo sentir más grande, más valiente y más feliz de estar allí.

Mañana toca repetir aventura, aunque esta vez en el volcán Ijen y su lava fluorescente. Después llegará el momento de descansar en una playa de Bali. Solo espero que aguanten las piernas. El sueño se compensa con la ilusión y las expectativas de otra maravilla de la naturaleza.

Datos útiles

  • El tren desde Jogjakarta a Malang cuesta 210.000 rupias en clase executive con asientos cómodos. El trayecto dura unas diez horas y hay servicio de restaurante.
  • Un jeep privado con conductor-guía cuesta alrededor de las 800.000 rupias -50 euros aproximadamente- por persona e incluye entrada al parque -250.000 rupias-, desayuno y café.
  • La excursión dura entre 10 y 11 horas. Arranca en Malang a las 00.00 horas, a las 02.00 desde Probolinggo.
  • Existe la posibilidad de comprar el pack que te lleva directamente a Ijen y, de allí, a Bali en un tour de 3 días y dos noches.
  • Llevad ropa de abrigo. Pantalón largo o mallas, camiseta de manga corta, manga larga, sudadera y polar o chaqueta. Hace mucho frío hasta que el sol no está lo suficientemente algo como para calentar.
  • Disfrutad y olvidaros de la cámara de fotos. Haced fotos, pero sin obsesionarse. Difícilmente captaréis unos momentos que merece la pena vivir plenamente. Estar, que dicen.

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1 Comment

  • Reply El futuro marido de PJ Harvey aunque ella no lo sepa aún... 8 noviembre, 2015 at 1:23

    Espectacular! Keep on enjoying it!

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