Estilo nómada

Recuperando la esencia nomadista

6 diciembre, 2017
Gili-Air-(16)

Hoy me he despertado con dolor en la cicatriz de Costa Rica. Esa que debería recordarme más a menudo que somos demasiado frágiles y volátiles como para perder el tiempo enredados en miedos y ansiedades. La tenía bastante olvidada, pero ayer alguien la señaló y, envalentonada, hoy ha encontrado fuerza suficiente para reclamar mi atención.

Ya no recuerdo si fueron 9 o 10 puntos de sutura y he tenido que recurrir a un calendario de 2014 para confirmar que todo sucedió el 16 de septiembre. Mi segundo cumpleaños, aunque los dos últimos apenas lo haya celebrado… y debería. Supongo que por eso, por sentirse ninguneada durante tanto tiempo, hoy me duele esa marca que atraviesa de manera bastante vistosa -mi piel no lleva nada bien eso de cicatrizar con normalidad- mi codo derecho. Podría haber sido mucho peor, tanto que podría no estar aquí para contarlo, pero no lo fue. Solo aparatoso. Un golpe de efecto y un hostión de esos con los que resulta imposible no despertarse. Y lo hice, tanto que allí se empezó a gestar un gran cambio vital… que ahora mismo se encuentra en stand by. A medio camino. Supongo que, por eso, hoy me duele esa cicatriz que hacía demasiado tiempo que no me tocaba. Solía hacerlo en momentos de duda a modo de mantra silencioso.

Hoy la he vuelto a tocar y, aunque puede parecer una cicatriz algo fea, me gusta el tacto de su imperfección. No quedó como debería haber quedado. Tampoco el corte fue un corte habitual ni las condiciones del hospital de Puerto Viejo fueron las que habrían sido en Barcelona. Lo mismo sucede con ese cambio vital. La meta imaginada, si es que la había, sigue lejos. Pero, como el golpe, tampoco era una meta ni un cambio al uso o de esos fáciles de alcanzar. Me olvido pronto de eso y me desespero y dejo de correr hacia ella. Así llevo dos años. También por eso he escrito tan a cuenta gotas en La Nomadista, base de todos los proyectos que sigo teniendo en mente y de aquel cambio. Nos venden que es fácil el cambio, ser emprendedor y alcanzar los sueños. “Con solo desearlo muy fuerte, lo conseguirás”. Mienten. El deseo es fundamental. La motivación, también. Y el compromiso. La dedicación… pero todo eso resulta extremadamente fácil perderlo.

Tal vez sea cuestión de carácter. O de las decisiones que tomamos. O igual de las necesidades y heridas que cada una de nosotras tiene que curar para pasar de pantalla. Yo llevo demasiado tiempo encallada en la misma pantalla, aunque creo que ya veo, de lejos, al monstruo final. Solo falta vencerlo y seguir adelante con todos los proyectos e ideas que me van ‘atormentando’ la mente. Quieren salir, pero no logran encontrar la manera de hacerlo. No es fácil dar un cambio radical en tu vida. O no lo está siendo para mí  con ideas que implican una vida fuera de las convenciones sociales que de bien pequeños hemos aprendido. O parte de ellas. He descubierto en este tiempo que algunas de esas convenciones sí me gustan. Escribir, viajar, horarios flexibles, creatividad, honestidad, música, gente interesante, movimiento… son palabras asociadas a ese cambio al que, pese a quedarse a medias, no renuncio. Lo otro no me gusta, ya lo he experimentado y no va conmigo, no en estos momentos y, aun así, no he avanzado demasiado. Eso es lo que me recuerda hoy mi cicatriz. Ah, perdón por el post de hoy. Pero hacía tiempo que tenía ganas de explicar estas sensaciones y hoy, por fin, están saliendo. ¡Tengo que aprovecharlo!

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Cierta vergüenza me pesa al reconocer que vuelvo a sufrir ansiedad. Supongo que sigo relacionándola con cierta debilidad que no me gusta. Aunque sé que no es así. A veces, es el precio a pagar por querer afrontar algo que se te antoja gigantesco pese a saber que puedes con ello. Pero da miedo. A mí me asusta. Y mira que en mis croquis, mentales y escritos, todo es bastante fácil. En esto tampoco tengo término medio. Casi en nada de mi vida y empiezo a aceptarlo y quererlo tal cual es. Me ha costado casi 35 años llegar a este punto. Soy lenta. Los genes de la velocidad fueron todos para mi hermano. Por suerte, pese a mi parálisis, han ido sucediendo cosas bonitas e importantes en este tiempo. Es lo bueno de los cambios, que una vez apuestas por ellos, son ellos mismos los que te van llegando. Los míos, además de traerme proyectos inimaginables (y acojonantes en el sentido del acojone más puro y duro), me han enfrentado a valores y creencias muy nomadistas que creía tener muy claras cuando mis sentimientos eran solo míos, pero que resultan algo menos claras cuando te lanzas a la aventura, porque es una auténtica aventura, de compartirlos con otra persona.

En 2016, como ya os he contado en algún otro post, elegí mal con quien compartirlos y todos esos valores se fueron al garete. Eufórica que regresaba de la gran aventura, los perdí casi sin darme cuenta. Por suerte, a lo largo de este 2017 he ido sanando heridas y expulsando veneno bien acompañada. Ha sido difícil y bonito a la vez. Y si algo tengo claro a estas alturas de la película es que quiero que siga siéndolo, sobretodo bonito. Y con esa misma compañía. Pero también tengo claro que tanto 2016 como 2017 han estado marcados por otras personas y mi cuerpo, con ese dolor en la cicatriz que dudo mucho que sea casual, mis problemas de sueño y esta ansiedad me avisa de que ahora me toca encargarme a mí de mis proyectos, de mis sueños. Y eso no es incompatible con compartirlos. Ni mucho menos. Ahora lo sé y quiero compartirlos todavía más. Solo que he aprendido que los pilares no deben depender nunca de otras personas y creo haber entendido, también, porque no me apliqué el cuento pese a tenerlo claro.

Costa Rica

Costa Rica, Parque Nacional Manuel Antonio

Eso me recuerda mi cuerpo y, como es tan pesado como mi mente, voy a empezar a hacerle caso. Ser nomadista o ser una misma empieza en nosotras. Y desde ahí, que se sumen los demás. Yo tengo claro quién quiero que siga sumándome en 2018. Un 2018 en el que he decidido, así a bote pronto, que voy a volver a Filipinas. Paraíso que me quedó a medias -como el gran cambio- cuando regresé y a Costa Rica. Me gustaría volver a pasear en bicicleta por aquella carretera caribeña de Puerto Viejo y volver a sentir todo aquello que me abocó a lo que soy ahora. Y agradecerlo. Porque este post y esta web van de viajes, físicos y personales. Me resulta imposible separarlos y, de ahí, esta pequeña afición a los post tan hacia dentro. Puedo entender que haya gente que no los comparta, que busque tan solo información útil de lugares y no regrese. Aunque también hay esa información. Solo faltaría. Sería insufrible de no haberla. Pero La Nomadista nunca ha buscado ser un blog de viajes al uso. Busca ser un lugar de encuentro para aquellas mujeres que quieran viajar solas por el placer de viajar, sí, pero también de descubrirse, de romper esquemas y vivir su vida a su manera. Mujeres que son como son, con sus muchas taras, miedos y contradicciones. Mujeres orgullosas de todo eso. Algo que no resulta nada fácil hoy en día.

No me considero especial por haber roto con lo que se suponía que era una buena vida. Hay muchas personas, hombres y mujeres, infinitamente más valientes y resolutivas que yo. Y, por supuesto, blogs de viajes mucho mejores que el mío. La Nomadista, al fin y al cabo, es solo un proyecto nacido de mis viajes en solitario, que me descubrieron que necesitaba romper con lo supuestamente establecido y encontrar mi camino y mi manera de vivir. Diferente o igual a la de otras personas, pero la mía. Y todavía ando descubriendo esa manera. No la tengo del todo clara. Me gustan cosas de ambos lados y ando aceptándolo y perdonándome ciertas cosas de estos dos últimos años. Desde que decidí dejar la redacción del diario con un buen sueldo, 16 pagas y un trabajo sin grandes exigencias ya me he sentido valiente y poderosa, aventurera y capaz de todo. Pero también me he sentido perdida, fracasada en bastantes ocasiones, asustada, perezosa, triste, feliz, tristemente feliz o felizmente triste, sola, rota, enamorada, esperanzada, motivada y desmotivada… por separado o todo así junto a lo loco. Pero nunca me he arrepentido de la decisión. Me añoro en los momentos esos de valentía y poder, pero no en el pasado. Fue bonito, aprendí mucho y viví mucho gracias a él, pero ya no es un traje que me quede bien. Tampoco del todo el actual, pero no tengo la culpa de que el sastre elegido para el nuevo sea taaaaan lento.

Y creo que, tal vez, mi experiencia tanto viajera como vital desde que descubrí los viajes en solitario y empecé a gestar un cambio de vida puede servirle a alguien que se encuentre en la misma situación o planteándose alguna cosa similar. O simplemente a mujeres que quieran viajar solas y descubrir su auténtico potencial. Es algo muy potente, creedme. Merece mucho la pena. Esa es la esencia de La Nomadista o esa siempre quiso ser: la de descubrir un mundo de posibilidades más allá de lo establecido, de lo convencional, basado en nuestras capacidades, nuestras ideas y nuestra independencia como mujeres. Y no me considero ultra feminista, pero sí creo que nos encorsetan demasiados conceptos que no nos pertenecen. También a los hombres, que conste. Por eso, aunque la esencia sea femenina, no me gustaría dejar fuera a los hombres. Realmente, muchas cosas pueden servir a todos. Simplemente cuento lo que vivo y siento cuando viajo y cuando vivo en Barcelona. Y soy mujer. Nada más.

Barcelona, precisamente, ganará protagonismo en los próximos meses. Al fin y al cabo nunca llegué a alquilar esa cabaña en El Nido y Barcelona, mi ciudad, sigue siendo mi base, mi lugar, mi anclaje. A partir de ahora también seré y seremos nomadistas en Barcelona o cada una de vuestras ciudades. Será uno de los cambios, pero no el único. Mi intención es ir introduciendo todas esas ideas y proyectos relacionados con la esencia nomadista. Asesoría, comunicación, contenidos… y muchos artículos, no solo de este tipo, en la web. Me encantaría que me acompañaseis en todos estos viajes y aprender juntas. Aprender a viajar solas y a vivir conforme a nuestras auténticas necesidades. Y quererlas y querernos. Mucho. Yo sigo aprendiendo día a día y me temo que va a ser así toda la vida. Así que, ¿qué mejor que compartirlo? ¿Os parece?

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