Coaching

La importancia de los pequeños gestos

6 marzo, 2018
@MatthiasBöckel by Pixabay

Hoy me apetece escribir sobre esos pequeños gestos que pueden empezar a cambiar nuestras rutinas, sobretodo las que queremos modificar para seguir creciendo o sentirnos más a gusto en nuestra propia piel. No es un post viajero, lo sé, pero hace ya un tiempo que siento que La Nomadista debe ser mucho más que un blog de viajes para mujeres que quieren viajar solas por el mundo. Esa sigue siendo su esencia, sobretodo su lado femenino e independiente, pero ya no solo se trata de coger la mochila y marcharse bien lejos. En breve os explicaré mucho más… si consigo modificar las rutinas que me mantienen bloqueada en el limbo. De ahí este pequeño post sobre esos gestos que en los últimos días me obligo a hacer para cambiar lo que no me gusta.

¿Por qué nos cuesta tanto cambiar hábitos y pensamientos que sabemos que son dañinos para nosotras? Pagaría mucho por tener la respuesta y, ya puestos, la solución milagrosa. De momento, como os digo, me he puesto a escribir sobre pequeños detalles que, por insignificantes que parezcan, creo que tienen un gran poder sobre nuestra manera de encarar los días y los cambios. Por ejemplo, ayer volví a ir al cine sola. Estoy segura que hacía más de un año y medio que no lo hacía… o más. Puede parecer una tontería, pero ser capaz de meterme en una sala de cine sin más compañía que la mía y disfrutar de un par de horas de cine fue importante. Me equivoqué a la hora de escoger película – El Hilo Invisible-, pero me gustó la sensación de volver a ser dueña de mi tiempo sin depender siempre de otra persona. Me encanta compartir sesión de cine en pareja o con amigos, pero también me encantaba ir sola y disfrutar de mi tiempo y ayer, aunque no me apetecía demasiado, me ‘obligué’ a recuperar algo que sé que me vuelve a conectar con una parte de mí que lleva demasiado tiempo difusa y confundida. Precisamente, con la esencia Nomadista. Pero eso da para otro post que ya tengo en mente… y que espero escribir en breve.

¿Otro pequeño gesto? Sacudirme la pereza de trabajar y escribir desde casa y dejarme caer en alguna cafetería bonita o, atención, un hotel de estos modernos que abundan en Barcelona y establecer allí mi particular despacho durante una mañana o una tarde. De hecho, tengo en mente una tourné por los hoteles que más me gustan de la ciudad. Todos tienen buen wifi, una cafetería acogedora, tranquilidad y ¡están desaprovechadas! Me parece una buena excusa para ir descubriendo nuevos rincones de la ciudad y, también, para intentar ser más productiva lejos del sofá. Comencé hace unos días con The Corner Hotel, un hotel en el que me habría quedado no solo a escribir eternamente, sino también a dormir. Hoy, reconozco, que quería repetir operación, pero la ‘nieve’ que está cayendo y el frío me han echado para atrás. A cambio, me he comprado un trozo de pastel, me he colocado los cascos, le he dado al play – suena el australiano Fractures- y estoy aquí tecleando espero que con algún sentido para sentirme un poco mejor. Hay que tratarse con cariño y respeto, siempre. Cumplamos o no con el plan o con lo que teníamos pensado. Y ser constantes.

@DariuszSankowski

@DariuszSankowski

Si vosotras también habéis descubierto que la fuerza de voluntad no es uno de vuestros puntos fuertes, aquí van dos recomendaciones más que intento poner en práctica cada día. A veces, con mejores resultados que otros. No descubro nada nuevo: meditar y escribir. Cada día. Ayuda a concentrarse y ordenar las ideas, incluso a calmarlas ya que sacarlas de la mente es fundamental para avanzar. Los resultados, eso sí, son lentos. Yo intento meditar cada mañana nada más levantarme. Entre 20-25 minutos siguiendo el método ACEM y escribo lo que pienso, siento y me preocupa mientras me tomo el café. O a última hora del día y así repaso también un poco las sensaciones del día. También hay días que ni escribo ni medito y no pasa nada. No se acaba el mundo por saltarse la ‘rutina’ de vez en cuando. Pero ayuda… o eso creo. Mi reto ahora es ser capaz de llegar a los 30 minutos de meditación sin subirme por las paredes deseosa de abrir los ojos y escribir en positivo más que en negativo. Cuesta, parece mentira, pero es harto complicado porque en la libreta dejas ir tus miedos y dudas más íntimas. Esas que a veces ni tan siquiera te atreves a confesarte a ti misma en voz alta. Otro truco, la pulsera de la queja. Fácil. Pulsera y a cada queja que nos  detectemos, cambio de muñeca. Puede parecer una tontería, pero una se da cuenta así de la cantidad de veces que se queja al día. La mayoría de ellas, innecesarias, y modifica poco a poco el lenguaje y la manera de afrontar las cosas.

Sé que puede sonar a filosofía barata o píldoras de felicidad enlatada. Pero, no. Soy la primera que está comprobando en primera persona que querer no siempre es poder o que de nada sirve poder si no se quiere. También que los mapas mentales están muy bien, pero que no sirven de nada si no se llevan al siguiente nivel. En eso, creedme, soy una experta. Más que en ninguna otra cosa, creo. Y todo eso, en parte, se resuelve o se desencalla con confianza, convicción y técnicas. Técnicas para superar miedos, trucos para avanzar poco a poco… porque a veces hay que hacerse trampas al solitario o pedir ayuda porque no somos tan fuertes o poderosas como nos dicen. O no sin la ayuda de otros. He hecho coaching, terapia de mujeres, meditación… y sigo abierta a nuevos aprendizajes. Aprendizajes y pequeños trucos que he practicado y que quiero compartir con vosotras como con mis viajes.

 

 

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