Consejos

Escaparse a Madrid

17 octubre, 2016
Gran Via - Madrid

Hoy escribo desde Madrid. He vuelto a escaparme a esta ciudad que ya es parte imprescindible de este 2016 por la de veces que he venido de visita. La culpa la tiene mi hermano, que hace poco más de un año decidió mudarse aquí para seguir formándose. Una excusa perfecta para ejercer de hermana mayor y viajera, aunque lo cierto es que no imaginaba que iba a venir tantas veces… ¡y las que me quedan!

Me gusta Madrid, mucho. Me siento a gusto y cada vez que vengo, como me recordó ayer mismo mi hermano, comento que me veo instalándome una temporada aquí. Me gusta su ambiente, la cantidad de gente que hay -salvo en algunos momentos puntuales en los que añoro el tamaño humano de Barcelona- y las oportunidades que parecen haber. No descarto, pues, un traslado temporal. Pero no es ese el motivo de este post. Madrid supone un viaje a pequeña escala, una manera de aplacar temporalmente las ganas de viajar. Supone cambiar de aires y de personas.

A veces pensamos a lo grande, yo la primera, en cuanto a viajes. Me gustaría ir aquí, quiero ahorrar para ir allá… léase tres meses recorriendo Filipinas, volver a Little Corn Island, descubrir la Patagonia, bailar un tango en Bueno Aires y divisar los Andes nevados desde Santiago de Chile o los canguros danzando en las playas desiertas de la Australia Occidental. Sí, así a grandes rasgos -y aspiraciones- estos serían los viajes que más ilusión me hacen. Pero tampoco me importaría perderme por Galicia unos días, descubrir Oporto, alargar mis días en Madrid, visitar a mi amiga Evi en Creta, volver a Italia o hacer unos días de surf en las Canarias. Planes mucho más asequibles para aplacar el gen viajero o para empezar a viajar sola.

Mi primer viaje en solitario fue a Bali, cierto. Pero no siempre una debe empezar por un viaje largo y exótico. A veces, más vale ir paso a paso y atreverse poco a poco que esperar a esa gran oportunidad, a ese gran viaje para empezar. La espera siempre encuentra excusas para seguir esperando. En los viajes, pero también en la vida. Así que desde Madrid os animo a que no dejéis para el próximo verano o para cuando sea ese primer contacto con los viajes en solitario. El verano queda demasiado lejos, ¿por qué no comenzar con una escapada otoñal para ponerse a prueba e ir cogiendo la forma?

Madrid me ha recordado lo mucho que me gusta moverme y lo muy apegada que he estado a Barcelona desde mi vuelta. Eso no es malo, pero cuando una tiene alma nómada no puede luchar durante mucho tiempo contra ella. De ahí una parte del nerviosismo que llevo dentro. No por no viajar, que también, sino por los proyectos apasionantes que ando preparando estos días y que ocupan y saturan mi mente. He llegado a la conclusión de que no tengo remedio. Siempre hay algo que altera mi sueño: a veces malo, otras bueno como estos proyectos de los que os hablo. Algunos de ellos harían algo más complicado el moverme tanto como en los últimos meses y eso, no os lo vais a creer, también me preocupa. De ahí la importancia de las escapadas y de ponerse a prueba o aprender a hacer las cosas que a una más le gustan a pequeña escala. No se trata de conformarse con menos, sino de adaptarse a las condiciones. Así que si sois de las que no podéis viajar muchos días seguidos o de las que sienten miedo a irse sola tres semanas a la otra punta del mundo, ya sabéis, ¿por qué no empezamos por lo fácil y asequible?

Ah, para las interesadas en lanzarse a la aventura a lo grande está al caer un post sobre los mejores destinos para viajar por primera vez en solitario. Será uno de los muchos artículos de ‘coaching viajero’ que a partir de ahora os iréis encontrando en la web. Llevo tiempo hablando de cambios y espero que pronto sean visibles. Renovarse o morir… y somos demasiado jóvenes para elegir la segunda opción y no intentar vivir la vida que queremos.

 

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