Reflexiones

El ‘drama’ de perder tus fotografías de viaje

26 octubre, 2018
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Hace un par de días se confirmaron mis peores temores. El disco duro externo en el que llevaba acumulando años y años de fotos había decidido abandonar este mundo. De un día para otro. Bueno, más bien de un desenchufe a la brava a otro. Sí, soy de esas personas que no se creen demasiado los avisos de que hacerlo así podía ser arriesgado… para todos mis recuerdos viajeros.

Optimista como soy con las cosas que no dependen de mí, me acerqué a un taller informático confiando en que los genios que allí trabajaban supieran recuperarlo todo. No fue así. “Tu pasado tiene un precio de entre 400 y 500 euros”, vinieron a decirme. Hice como si la cosa no fuese conmigo, dura, impertérrita. No me conocían de nada, pero aun así un pudor se apoderó de mí. No hacía falta demostrarles que también soy de esas personas que no piensan que un disco externo puede morir un día y tienen una segunda copia de seguridad. Otra lección aprendida.

De Tailandia 2008 y el descubrimiento de mi amor incondicional por Asia hasta Nicaragua 2016  pasando por mi primer viaje en solitario a Bali, los dos meses en Australia, los días de despertar en Costa Rica o el medio año de sueño cumplido. ¡Todo estaba allí! También escapadas familiares, Navidades, viajes con amigas, recuerdos amorosos… vamos, mi vida Nomadista y viajera. Quedan algunas en la nube o en el ordenador, también en las redes sociales… pero no es lo mismo. Y, sorprendentemente, no ha sido un dramón en ningún momento. Tal vez porque confío en encontrar el momento de reservar ese dinero para recuperarlas o porque sé que todo lo que aquellas fotos dicen sigue estando dentro de mi cabeza y corazón.

Pero si me ha hecho pensar un poco en lo efímero de todo. Y también en el problemón que eso supone a la hora de escribir por aquí o de poner en marcha varias cosillas, entre ellas un instagram propio de La Nomadista. Por cierto, de momento, podéis seguirme aquí. Lo apegada que son con algunas cosas y personas de mi vida y lo poco que lo soy para otras. Supongo que soy selectiva con los dramas en los que invierto mi energía y salud.

Hace unos días tuve un sueño muy curioso en el que, resumiendo, no dejaba de sacarme capas y capas de ropa. Tuve la sensación que era uno de esos sueños con mensaje y lo interpreté como que debía sacarme de encima todo lo superfluo y quedarme con lo esencial. Materialmente hablando, pero también a nivel personal y de personas. Volver a esa esencia que tengo algo abandonada desde hace demasiado tiempo. No niego que haya pensado que igual esto también tenga que ver con eso. Desprenderse de un pasado nomadista que pesa demasiado para volver a construirlo. Diferente, pero con la misma base. Luego pienso que igual no y que quiero esas fotos de vuelta. Así que si alguien me lee y sabe de personas o sitios más económicos, por favor, avisadme.

Pero más allá de todo esto, está lo que comentaba de lo efímero y frágil de todo. O de lo intangible de las cosas importantes. Desde hace demasiado tiempo tengo la sensación de que todo lo que importa siempre pende de un hilo. Supongo que la vida misma lo hace aunque no seamos del todo conscientes. Pero tengo la sensación de que ahora todo es más evaporable, si es que ese concepto existe. Los recuerdos fotográficos que ya casi nadie imprime confiando en la tecnología es un ejemplo. Sí, existen redes sociales en las que ‘subir’ y proteger algunos recuerdos, pero no nos engañemos, suelen ser las menos importantes o reales de todos ellos.

Creo que deberíamos imprimir y conservar mejor nuestros recuerdos. Y vivirlos más antes de que queden obsoletos o se evaporen. O de que otros los sepulten. Siempre ayudan a recordar lo que somos y fuimos. Vale, empiezo a sentir la necesidad de recuperar mis fotos. Empiezo a plantearme opciones alternativas: ¿un verkami?

 

 

 

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