Estilo nómada Gastronomía

El Born sabe a Vietnam

30 enero, 2018
La Vietnamita - Born

No fue hasta mi primer viaje a Tailandia en 2010 cuando descubrí la deliciosa comida asiática. De hecho, ese viaje me introdujo en sensaciones, olores y gustos desconocidos hasta ese momento para mí. En mi casa, pese a que siempre hemos tenido buen paladar, nunca habían entrado ni ingredientes ni platos exóticos… y eso que mi padre se pasó un buen puñado de años viajando varias veces al año a países como Tailandia o la India. Pero delicadito él, nunca se enamoró de sus sabores. Vamos, que era el típico visitante que intentaba comer siempre en restaurantes occidentales en las semanas que se pasaba entre ferias y muestras. De ahí que nunca me llamara la atención su comida, aunque sí el país. Creo que allí empezó realmente a plantarse la semilla de los viajes a Extremo Oriente como decía mi padre.

Mi primer viaje a Tailandia lo cambió todo. Me costó lidiar con el picante los primeros días, pero ya no hubo marcha atrás. Mucho menos cuando, al año siguiente, visité Vietnam. Creo que nunca he comido tan bien como en aquel viaje. Fue mi perdición porque a mí me gusta comer. Mucho. Pocas cosas me hacen disfrutar más que la comida. No es una necesidad. O sí, pero porque tengo hambre siempre. A todas horas y a mis casi 35 años diría que sigo sin encontrar dónde está mi fondo. Siempre hay hueco para comer un poco más. Algo estupendo hasta que mi metabolismo empezó a bajar un poquito el ritmo. Aun así, sigo siendo contraria a las dietas y a dejar de comer cosas ricas por un pequeño michelín aquí o allá. Eso sí, mis notas mentales están llenas de recordatorios tipo “sal a correr un poco”, “apúntate a Pilates”, “cómprate un bañador nuevo y ves a nadar, que eso te gusta mucho”… mientras consigo que sean algo más que notas mentales, sigo disfrutando de comidas. No dispongo ni de avión privado ni dinero para escaparme a comer a mis países favoritos, pero sí de tiempo para viajar a través de los sabores que ofrece una ciudad como Barcelona. Hoy me apetecía vietnamita. Una de esas sopas deliciosas que me pasé dos semanas comiendo cada día pese a las altas temperaturas que hacía en Vietnam. Mediodía o noche, daba igual. Siempre caía una sopa.

La Vietnamita - Pho bo

La vietnamita - Curry

Hoy, sin embargo, he ido a lo seguro. Pho Bo al estilo de Saigon y una limonada casera con menta bien fresquita. También he probado un delicioso, de lagrimita, Curry Amarillo de Pescado y Marisco. Tengo que decir que mucho más sabroso hoy que mi sopa. Casi tan bueno como el que descubrí en mi penúltimo día en Ho Chi Min en unos puestos de comida callejera. Creo que si cierro los ojos todavía puedo deleitarme en diferido con aquel espectacular plato. Directo al top tres de los platos de mi vida. ¡No exagero! El de La Vietnamita le rinde buen homenaje. Y, de postre, Che Chuoi para compartir. La vida, y los postres, siempre son mejores compartidos. Tengo que reconocer que nunca probé este postre en Vietnam, pero me encanta. Se trata de perlas de tapioca cocidas con leche de coco, plátano y frutos rojos. Caliente. Delicioso. ¿El precio de todo? 28 euros, 14 por persona. Y un viaje a Vietnam a través de los sabores de un local en pleno Born barcelonés. Pequeños placeres y consuelos viajeros.

La Noa

¿Cuáles son los vuestros?

PD: Este post no es un post patrocinado ni nada por el estilo. A partir de ahora encontraréis artículos parecidos a este sobre rincones de Barcelona u otras ciudades que me chiflan, me inspiran o me hacen viajar con la mente… como dicen en mi grupo favorito. También habrá música, literatura… De todo un poco, vamos. Todo lo que me mueve por dentro y me regala momentos de felicidad nomadista. ¡Espero que os gusten!

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